Mi posición frente a todas las patrañas pseudocientíficas, paranormales y místicas es bastante conocida, y si no lo es para usted, querido nuevo lector de este espacio, puede darse una idea: apenas si creo en los antibióticos, mire si voy a creer en la homeopatía. Muchas formas de la deshonestidad intelectual a que me refiero tienen en común que se disfrazan grotescamente con harapos científicos.
Pero existe otra escuela de estafadores que recurre ya no a a la ciencia sino a ridículas "artes milenarias" con el objeto de timar incautos. Con ustedes, estimados lectores, los adivinos.
Quienes descaradamente afirman que pueden conocer el futuro, obviamente mienten. De otra manera no montarían esos puestos en las ferias tratando de obtener dinero de parte de gente ingenua, desesperada, aburrida o simplemente ignorante, sino que disfrutarían de sus obscenas fortunas ganadas gracias a sus siempre exitosas especulaciones bursátiles o sus certeras apuestas.
Estos personajes suelen poner como excusa ante la válida objeción que no pueden usar sus poderes en beneficio propio. Menos mal, entonces que le saquen el dinero a la gente es en beneficio de la gente misma, que de no mediar la gestión de estos benefactores se lo gastaría en comida u otros vicios perniciosos.
Existe toda clase de charlatanes con poderes , pero una gran mayoría de ellos utiliza alguna técnica especial, un arte adivinatorio invariablemente antiquísimo (curiosamente, hace unos mil años que nadie inventa algo nuevo en este fascinante campo de la paparruchada).
Estas técnicas se denominan mancias. Algunas mancias conocidas son:
Quiromancia: Adivinación por la lectura de las líneas de la palma de las manos.
Cartomancia: Adivinación por medio de las cartas.
Rabdomancia: Por medio de palos.
Aeromancia: Por medio de fenómenos atmosféricos.
Astragalomancia: Por medio de dados.
Cafemancia: Por medio de la borra o poso del café.
Hay algunas más estrafalarias :
Oliomancia: Adivinación por medio de los aullidos de los perros.
Petchimancia: Adivinación por los cepillos, cuando a un vestido no se le puede quitar el polvo, es señal de que va a llover.
Tiromancia: Adivinación por medio del queso, se toma un poco de queso agusanado, y se coloca sobre un papel donde se han escrito los nombres de las personas que se sospeche hayan hecho algo malo, los gusanos se pondrán encima del nombre.
Les agrego algunas que se me acaban de ocurrir:
Culocapilarimancia: Adivinación por medio de los pelos que crecen en salva sea la parte.
Ombilicumancia: Adivinación por medio de las pelusas que se acumulan en el ombligo.
Windomancia 11: Adivinación por medio de los mensajes de error que aparecen en las pantallas de las computadores que corren los sistemas operativos del bueno de Bill Gates.
BigMacncia: Adivinación por medio de la salsa que se escurre de una hamburguesa de Mac Donald's.
A ver quién argumenta que mis mancias son menos válidas que las de los cazabobos establecidos.
Lo más indignante de esta raza de delincuentes es que si bien tienen algunos clientes a los que no les falta el dinero para gastar en estupideces, muchas veces son consultados por gente con serios problemas que harían mejor en guardar sus escasos ahorros para afrontar sus dificultades. No tienen escrúpulos al engañar al pobre, al escaso de entendederas, al agobiado por la pena, al indefenso.
Una sola vez en mi vida, como una especie de experimento, consulté a uno de estos brujos de pacotilla. La técnica que utilizaba era la de arrojar los buzios, unos caracoles provenientes de Brasil, al igual que el falso hechicero. Recuerdo que el hombre tenía muy estudiado su personaje: era un negro enorme, de piel tan oscura que parecía azul, se vestía con una túnica blanquísima y hablaba con una voz grave y susurrante.
Me vaticinó que me iba a casar con mi novia de entonces, que estando presente (cosa curiosa, porque en general no permiten la presencia de terceros) no cabía en sí de gozo, que iba a ganar mucho dinero, que toda clase de cosas maravillosas me iban a suceder, y ni una sola desgracia.
Hace unos 15 años de esto, y no solo no me casé, sino que me separé de aquella mujer y de unas cuantas más. Sigo tan pobre como entonces (está bien, un poco menos, pero no tengo una gran fortuna, ni siquiera una pequeñita) y una interesante lista de calamidades me han sucedido, como a casi todos.
Una de las argucias que estos filibusteros utilizan para ablandar y sugestionar a sus víctimas es decirles cosas sobre ellos que se suponen que no conocen. Para esto se valen de poderes de observación y deducción reales, que no todo es falso en el mundo de la pseudomística (el dinero con que se les compensa sus servicios tampoco lo es, aunque debiera serlo). Pueden decirle al cliente que tiene una dolencia en la espalda por el modo en que se sientan o caminan, o inferir que el pobre infeliz que está frente a ellos se encuentra angustiado por un problema grave observando el modo nervioso con que se pellizca las manos.
Tal vez el experimento más divertido que se puede hacer en una sesión adivinatoria es preguntarle al que ha recibido el don sobre hechos del pasado que se pueden verificar en cualquier enciclopedia. La respuesta variará según el grado de información del consultor mágico, como pasará con cualquier individuo que no tenga Google a mano. Otra cosa que se puede hacer es asaltarlo, y preguntarle cómo es que no pudo predecirlo.
La única forma que podría existir para predecir el futuro sería conocer toda la información sobre el pasado, las inconcebiblemente complejas y numerosas variables que intervienen en todos los hechos posibles y las inabarcables leyes que las rigen. Aún así, solamente tendríamos una aproximación grosera, una tendencia que se podría aplicar a grupos numerosos y nunca a una persona individual. Este tema se trata con suerte variable en unas novelas de Isaac Asimov que constituyen la famosa, al menos para los nerds aficionados a la ciencia ficción como yo, serie de las Fundaciones. El término con que se llama allí a la ciencia que predice el futuro de grandes grupos humanos es Psicohistoria. No está mal.
Me pregunto si, de existir una posibilidad real de conocer mi futuro, yo querría saberlo. ¿Querrían ustedes?
Buenas noches.
