Mi posición frente a todas las patrañas pseudocientíficas, paranormales y místicas es bastante conocida, y si no lo es para usted, querido nuevo lector de este espacio, puede darse una idea: apenas si creo en los antibióticos, mire si voy a creer en la homeopatía. Muchas formas de la deshonestidad intelectual a que me refiero tienen en común que se disfrazan grotescamente con harapos científicos.
Pero existe otra escuela de estafadores que recurre ya no a a la ciencia sino a ridículas "artes milenarias" con el objeto de timar incautos. Con ustedes, estimados lectores, los adivinos.
