En la Era Progrezoica discriminar es un crimen gravísimo, algo que las leyes castigan severamente y la sociedad repudia con santa indignación. Porque discriminar es malo, no sé si me explico. Es feo. Está mal. Es injusto. Y no, no estoy siendo sarcástico, realmente creo que la discriminación basada en cualidades que no son relevantes para el caso es todo lo que dije y además es una estupidez. Un momento, ¿por qué aclara eso de “cualidades que no son relevantes”? se pregunta el lector sensible. Porque es completamente necesario, respondo, y me quedo tan orondo. Bueno, está bien, procedo a explicarlo, que de eso trata este artículo. Pero igual me quedo orondo.

El hombre mira al candidato: mediana edad, visible sobrepeso. Nota que emitió algunos sonidos al sentarse, signo de algún dolor físico. Lo rechaza inmediatamente. ¡Discriminación! gritan las multitudes exaltadas, preguntándole a ChatGPT dónde se hace la denuncia. No es para menos, discriminar por edad y estado físico está prohibido, los problemas que acaba de comprarse el discriminador son inenarrables.

Pero aleje la cámara para captar todo el panorama. Mire lo que dice el cartel en la pared. ¿Lo ve? No, claro que no, esta es una situación imaginaria, deje que se lo diga yo: ahí dice “Selección de atletas olímpicos”. Entonces la edad y el estado físico son dos características relevantes para el puesto (sí, es posible que el cincuentón regordete pueda correr los 100 metros llanos en menos de 10 segundos, pero no es probable, y en todo caso debería hacer una demostración). Eso no es discriminación, eso es selección. Lo hacemos todo el tiempo, desde que elegimos una marca de detergente sobre otra valorando su precio, la cantidad que viene en el envase y el rendimiento (todas características relevantes) hasta cuando preferimos estar cerca de algunas personas y lejos de otras.

Sin embargo, si el candidato se hubiera presentado para un puesto de Analista Contable un rechazo basado en cualidades como su peso y sus años sí sería discriminatorio. Y probablemente una estupidez, porque comprobada su idoneidad tal vez la organización oferente se estuviera perdiendo a un brillante colaborador.

Se supone que para estos casos se hicieron algunas leyes, para separar la discriminación de la selección. No para que alguien demande a un hospital porque le negaron el puesto de Cirujano en Jefe diciendo que lo discriminaron por ser negro (si usted acaba de sufrir un microinfarto al leer la palabra “negro” para describir a alguien, tal vez no sea este el newsletter que deba estar leyendo), omitiendo el detalle de que no es cirujano, ni médico, y que además cada vez que el entrevistador decía “cirujano”, él contestaba “agarrámela con la mano” y se reía muchísimo.

Parece simple, ¿verdad? No vaya a denunciar que “su empleador lo discrimina porque no respeta su individualidad y le exige vestirse con cierta clase de ropa” si resulta que es un soldado del Ejército, pero sí puede hacerlo si lo echan del cine por algo como tener los dientes torcidos. Quién sabe, tal vez gane la demanda y el cine termine pagándole la ortodoncia.

Ah, pero estamos en la Era Progrezoica, nada es sencillo, nada se rechaza de plano luego de someterlo a un examen de tarambanez. Resulta que sí hay personas que denuncian discriminaciones imaginarias y que se las reciben porque la discriminación mala feo caca.

Lo que me dio la idea de escribir este artículo fue haber visto algo en Youtube (sitio donde entro exclusivamente con propósitos lícitos de investigación y a disfrutar de la crítica de arte, la Filosofía, el ballet y la música clásica, no vayan a creer que me paso viendo videos de tipos que lavan alfombras, restauran cuchillos antiguos o hacen desafíos de comer papas fritas picantes, por favor. Bueno, un poco). Lo que vi fue el testimonio (porque ahora todo el mundo tiene la necesidad de contar las cosas que le pasan en formato audiovisual, en vez de hacerse un newsletter como yo) de una señorita que relataba sus peripecias en el incierto mundo de las citas. Contaba, con un marcado acento español, que había tenido tres encuentros con un muchacho, y que al tercero le había dicho que era trans. La señorita al muchacho, le había dicho. O bueno, la que parecía señorita, qué se yo, no sé cómo hay que decir ahora, que después se ofenden todos. El asunto es que el muchacho respondió que no estaba interesado. Y hasta ahí parece la historia de un rechazo, algo por lo que todos hemos pasado y no nos ha gustado.

Y entonces es cuando todo se torna ridículo. Como la habían rechazado por ser trans, la señorita (llamémosla así, es breve y supongo que ella no se ofendería) se fue a hacer un denuncia por discriminación, “porque la Ley Trans dice que no se puede discriminar a alguien por ser trans” (esto es en España, que en estos tiempos porta el estandarte de la Era Progrezoica en castellano). Y uno podría reírse un poco, suponer que no existe dónde hacer una denuncia de ese estilo y pasar a ver el video del tipo que lava alfombras, pero no. Que no veo videos de tipo que lavan alfombras. Y además mencionó a “asociaciones” que sí le tomaron la denuncia. Me imagino que será una de esas asociaciones alimentadas a subsidios estatales, llenas de abogadas y activistas y gente enojada todo el tiempo.

Señores o señoras o señoritas o personas de la asociación, no sean gilipollas. Estamos ante un claro caso de selección, no de discriminación. La condición trans es relevante para el puesto solicitado (pareja romántica del muchacho) porque afecta directamente a las tareas a desempeñar. El muchacho puede rechazar a la solicitante con bases sólidas y razonables, alegando por ejemplo que en el futuro quiere formar una familia y tener hijos biológicos naturalmente concebidos o explicando que a la hora de celebrar la misa mayor prefiere que un solo mástil forme parte de la arboladura, y que sea el suyo propio. Se podrá exponer el contraargumento de que cuando ambos sean viejitos podrán compartir el Viagra y los remedios para la próstata, pero eso es demasiado especulativo, vaya uno a saber si siguen juntos para esa época.

¿Termina aquí el asunto, con una denuncia esperpéntica que moverá burocracias porque existen asociaciones sobrantes? No, qué va. La cosa siguió, porque apareció un segundo video de la señorita diciendo que “se había metido en un problema”. Resulta que el muchacho denunciado, al que supongo le debe haber llegado algún tipo de notificación, contraatacó. Y denunció a la señorita por ocultarle información relevante con intención maliciosa. No sabemos (ni queremos saber) si es una gran relevancia, es una relevancia promedio o una pequeñita, pero relevante es, de eso no hay dudas. Y se presenta como certeza que de seguir la relación, tarde o temprano la relevancia iba a salir, pero olé por el chaval que se previno.

Por supuesto que todo el episodio es estrafalario, ninguna de las denuncias debería ser siquiera considerada por personas maduras, no hay manera de obligar a otro que lo acepte a uno en plan amoroso, y la Ley no tiene nada que decir acá. Esto sólo es posible en estas época tan confusas y paparulas. Imagine si yo pudiera demandar a todas las mujeres a las que no les gusto porque soy pelado. Imagine por el otro lado que me presento a las citas con peluca y cuando me la saco me demandan por embustero. Bueno, en este último caso estaría de acuerdo, hay que llevar la calva con dignidad.

Buenas noches.

Usted puede alegar que no colabora con una pequeña contribución pecuniaria porque no le gusta lo que yo escribo, y yo puedo denunciarlo por discriminación contra malos escritores. En todo caso ahí abajo está el botoncito.

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