En 1498, Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni (Miguel Ángel, para los amigos) tomó un martillo y acompañado de un cincel lo utilizó durante un año para quitarle a un bloque enorme de mármol de carrara todo lo que no se pareciera a la Virgen María sosteniendo el cuerpo exánime de Jesús, y así se creó la famosa escultura “La Piedad”.
El 21 de mayo de 1972, Tóth László, un húngaro residente en Australia, tomó un martillo e ingresó a la Basílica de San Pedro en el Vaticano donde estaba exhibida la obra y la emprendió a martillazos contra las figuras. Destruyó parcialmente la escultura, que afortunadamente pudo ser restaurada.
Todo esto no tiene mucho que ver con la IA (Inteligencia Artificial, si es que usted vive en un páramo alejado de la civilización y es la primera vez que entra a Internet en los últimos 25 años), pero sí tiene que ver con herramientas. Intento ilustrar que la misma herramienta (martillo) sirve tanto para crear como para romper. Y, damas y caballeros, es hora de hacer una declaración tremendamente polémica:
