Joven, usted, ¿alguna vez recibió una de esas cadenas? ¿Cómo que cadenas? ¡Cadenas, joven, cadenas de cartas! Dele, ahora pregúnteme que es una carta y ya está, me voy a sentar a bajo de ese árbol hasta que me muera. Ah, una carta sí sabe lo que es. ¡No, no es un e-mail impreso! En fin.

Resulta, joven, que antes no había e-mail, ni chat, ni Guasap ni ninguna de esas paparruchadas que usan ahora, ¿sabe?. Sí, teléfono teníamos, no se haga el vivaracho. ¿Qué se cree, que soy de la época del miriñaque, yo? Miriñaque. Era como un armazón que se ponían las mujeres abajo de las polleras para...oiga, ¿por qué me habla de polleras, joven? Yo le hablo de cartas y usted me pregunta por polleras. 

Ya se lo dije antes, joven, esa falta de concentración que tiene usted no puede ser buena. Un concuñado mío empezó así y resultó que tenía  como unos bichitos adentro de la cabeza, que le iban comiendo de a poquito los sesos. Sí, un asco, joven, yo dije lo mismo. Pero este muchacho, mi concuñado, se debe haber pescado esos bichos en algunos de esos viajes que él hacía. Porque era un aventurero, mi concuñado. ¿Eh? ¡La boca se le haga a un lado, joven, mi concuñado está vivo! Dije que "era" un aventurero porque después consiguió trabajo. 

¿Pero qué tiene que ver mi concuñado con el miriñaque? ¿Cartas? ¡Ah, cadenas de cartas, sí! ¿Alguna vez recibió una, joven? 

Suscríbete para seguir leyendo

Este contenido es gratuito, pero debes estar suscrito a La Guía Incompleta para continuar leyendo.

Already a subscriber?Sign in.Not now

Keep Reading