Se encontraba Won Ton sentado a la vera del camino, al frente de su humilde casa donde criaba cerdos para su venta en el mercado, cuando acertó a pasar por allí su enemigo Chau Fan.

-¿Qué estás haciendo aquí sentado a la vera del camino al frente de tu humilde casa donde crías cerdos, oh, Won Ton, enemigo mío?-inquirió el paseante.

-Estoy siguiendo las enseñanzas del maestro Confucio, oh, Chau Fan, enemigo mío-contestó Won Ton.

-¿Y qué enseñanza es esa que te indica sentarte a la vera del camino, si es que puedes decírmelo, oh, despreciado Won Ton, de quien no pueden esperarse más que insensateces?-preguntó Chau Fan.

-Aquella que reza "Siéntate a la vera del camino y verás pasar el cadáver de tu enemigo", oh Chau Fan, quien no conoce la sabiduría y sólo emite ventosidades por su boca. -contestó Won Ton sin perder la calma.

Chau Fan ensayó una risa malvada: -¡Ja ja ja! -pero no quedó conforme, y entonces intentó otra: -¡Je, je, je! -que tampoco le gustó. Sin embargo, replicó:

-Oh, tonto e iluso Won Ton, en verdad te digo que tu maestro Confucio es un borracho, que es menos sabio que un mono y que sus enseñanzas te llevarán a la ruina. Porque mientras tú te encuentras sentado a la vera del camino esperando ver pasar mi cadáver yo iré al pueblo y convenceré a todos los comerciantes del mercado de que tus cerdos están enfermos y no deben comprártelos, y entonces no podrás venderlos y te verás obligado a sacrificarlos para alimentar a tu familia, y ya no tendrás cerdos para vender y el hambre vendrá y ni siquiera podrás vivir de limosnas porque yo les diré a todos que eres un avaro que tienes una olla de oro escondida en tu jardín, y entonces nadie querrá darte dinero y se enojarán contigo por pedirles limosna y tu esposa te abandonará y morirás solo y miserable, y todo por quedarte sentado allí siguiendo las enseñanzas de Confucio.

Y dicho esto, Chau Fan intentó proferir otra risa malvada: -¡Mue, je, je!-y otra vez quedó contrariado.

Won Ton escuchó pacientemente toda la perorata y sin inmutarse respondió: -Ya veremos.

A lo que Chau Fan replicó : -Yo lo veré, pero no tú, oh pobre e idiota Won Ton, porque los muertos, y esta es una enseñanza que sí debes aprender, no ven ni sienten nada.

Y dicho esto, se alejó caminando por el camino a cuya vera  Won Ton estaba sentado, girando la cabeza de cuando en cuando para mirar a su enemigo y emitir diferentes versiones de risas malvadas que continuaban pareciéndole insatisfactorias: -¡Jue, jue, jue!, no, ¡Ahj, ahj, ahj! tampoco, ¡Juaz juaz juaz! menos, pero, qué contrariedad-.

Y entonces fue que acertó a pasar por el camino a cuya vera Won Ton estaba sentado aplicando las enseñanzas del maestro Confucio un camión con doble acoplado cargado hasta el tope de teléfonos celulares que atropelló a Chau Fan y lo levantó por los aires como un muñeco y lo depositó veinte metros adelante y en vez de detenerse le pasó por encima dejándolo hecho un amasijo de huesos rotos y miembros aplastados. 

Quiso el azar que el guiñapo sanguinolento en que se había convertido Chau Fan fuera a parar a los pies de Won Ton. 

Con un hilo de voz, aquello que un hacía un instante había sido su altivo y orgulloso enemigo le dijo a Won Ton, que no había movido un músculo ni había cambiado un ápice la expresión enigmática de su rostro:

-Oh, Won Ton, muerto soy, y al final el tonto he sido yo. Porque fue sabio tu maestro Confucio, y has sido sabio tú al seguir sus enseñanzas. Porque vendrán a buscar mi cadáver con un carro y lo llevarán al cementerio, y pasarán por enfrente de tu casa y tú lo observarás pasar sentado a la vera del camino, y ya no podré ir al puebo a decirle a los comerciantes del mercado que no compren tus cerdos, y tú podrás venderlos y prosperarás, y mi familia pasará hambre y se verá obligada a mendigar para vivir, y nadie querrá darle dinero porque he sido malvado con todos aquellos que podrían ayudarla. En la amargura muero, porque he dedicado casi toda mi vida a destruirte y sin embargo tú me has vencido sin mover un sólo músculo aplicando la poderosa enseñanza que tu maestro te ha transmitido. Muero, pero no me has matado tú, oh, sabio Won Ton, sino la sabiduría misma, el inefable poder de la máxima del maestro Confucio.

Y dijo Won Ton, sonriendo por vez primera:

-Tener un amigo camionero también ayuda.

Buenas noches

Confucio también se refirió a los que colaboran pecuniariamente usando el botón de abajo, pero mucho no nos enteramos porque lo dijo en chino.

Invitame un café en cafecito.app
CÓDIGO YI

CÓDIGO YI

💡 Te traemos las claves para entender el futuro tecnológico que viene, porque hay curvas... IA, avances tech, negocios online y buen cine para que aprendas mientras te entretienes.

/

Reply

Avatar

or to participate

Keep Reading