Oiga, joven, ¿qué le pasa? ¿Tanto frío tiene? Sáquese la bufanda de la boca, que no se le entiende nada cuando habla, caramba. Qué barbaridad, baja de veinte grados y ya se tiran encima todo el ropero. Esto no es frío, jovencito, esto no es nada. Inviernos eran los de antes.
Yo me acuerdo que salía de noche para ir al colegio, no, no iba a la nocturna, salía temprano porque vivía un poco lejos, y a la mañana era de noche, claro que no era así de noche todo el tiempo como en la Antártida, que me contó un sobrino mío que estuvo y que ahí es de noche todo el día, y después es de día toda la noche. Se vuelven un poco locos, digo yo, por eso se visten de anaranjado. Ah, no eso es para que los vean en la nieve, porque el anaranjado se ve en la nieve, y entonces a usted no lo confunden con, no sé, un oso polar. ¿Dónde vio un oso polar anaranjado, usted? Seamos serios, caramba. ¿Y por qué me habla de osos polares anaranjados, si yo le estoy contando que iba al colegio? Debe ser culpa del Tik Tok ese, que les pudre la cabeza.
Y entonces yo iba al colegio y estaba todo el pasto congelado y cuando lo pisaba hacía scritch - scritch, había escarcha en la vereda y había que ir con ojo por las patinadas, porque el hielo patina, ¿sabe?. No, cómo nos íbamos a poner patines de hielo, ¿Dónde se cree que vivía, yo en Suiza?. Me acuerdo que mi mamá me lavó un día el guardapolvo, porque usábamos guardapolvo para ir al colegio, no como ahora que los chicos van al colegio vestidos que parecen huérfanos, no, nosotros usábamos guardapolvo, y corbata. Sí, corbata, yo tenía una con un elastiquito porque no sabía hacerme el nudo, y mis compañeros me tiraban de la corbata y la soltaban, eran unos salvajes mis compañeros. Pero el frío, ah, joven ahí sí que hacía frío. Y en el aula había una estufita y había que ser guapo para ganarse el lugar cerca de la estufita, vea. Y aprendimos a escribir con los guantes puestos, y acá estamos, no nos morimos ni nada.
