Uno supone que los científicos son gente muy ocupada haciendo cosas científicas, pero a juzgar por las cosas que se les ocurren tienen tiempo de aburrirse y además deben ser aficionados a las drogas recreativas.

Bueno, estoy exagerando, las teorías científicas realmente locas que están en estudio no son producto de viajes alucinógenos (hasta donde sabemos) sino de la aplicación de unas Matemáticas tan avanzadas que para nosotros que nos congratulamos cuando podemos calcular cuál promoción del supermercado nos conviene más son lenguaje alienígena o magia. O un viaje alucinógeno.

Tenemos por ejemplo la Teoría de Cuerdas, que en términos vergonzosamente sencillos dice más o menos que el Universo no se compone de partículas puntuales sino de filamentos o “cuerdas” de energía que vibran. Estas cuerdas generan las partículas que conocemos (electrones, quarks y otras porquerías) según su frecuencia de vibración. Lo más lindo de esta teoría es que para que funcionen las matemáticas que la sustentan tienen que existir unas 10 u 11 dimensiones en lugar de las 4 que percibimos, y las otras 6 o 7 están “enrolladas” y son invisibles para nosotros.

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