Es bastante conocido por los amables lectores (y si no es así ya es hora de que lo conozcan) el hecho de que soy una persona científicamente correcta y que no hago caso a supersticiones, mitos, cábalas, rituales, males de ojo, maldiciones, gualichos ni antibióticos. Bueno, a algunos antibióticos sí. Por esa razón no verán en mi casa ninguno de los habituales talismanes que utiliza la gente para atraer la prosperidad, la salud o la felicidad.
Por eso, y porque son horribles.
