A mucha gente le gustaría salir en televisión. Si no nos limitamos a la televisión abierta, a las señales pagas o a las redes sociales donde muchos se exponen haciendo cosas que antes daban vergüenza y ahora también pero por unos centavos de monetización, casi todos lo hacemos sin advertirlo.
Comprando en un centro comercial, haciendo un trámite en una dependencia pública o un banco, circulando con su automóvil por una autopista, preparándose para subir a un avión o caminando tranquilamente por la acera silbando una tonadilla irlandesa, usted está siendo controlado, monitoreado y analizado por las omnipresentes cámaras de seguridad.
